selva amazónica

 

EL HOGAR DEL DELFÍN ROSA

La selva amazónica ofrece el mayor contraste al paisaje del altiplano. Resulta fácil desplazarse de Cuenca a Quito y de la capital a la selva de Cuyabeno o la de Yasuní. Estas áreas protegidas están atravesadas por los caudalosos Aguarico y Napo, respectivamente. Ríos que son como caminos que descienden de los Andes y que conducen a los poblados o hasta alojamientos escondidos bajo el dosel verde, como el complejo en el que me albergo en Cuyabeno, gestionado por una comunidad quichua.

Durante la jornada se realizan salidas guiadas en barca o a pie por el bosque en busca de especies animales y vegetales curiosas. Cuando el motor se apaga, solo queda el silencioso zumbido de la selva y el chapoteo de los remos. Cerca de la canoa, una nutria gigante (Pteronura brasiliensis) de casi 45 kg y 1,8 m de longitud comparte su pesca en comunidad, mientras que un delfín rosado (Inia geoffrensis) saca la cabeza del agua de vez en cuando. Ante la canoa el espacio se amplía por sorpresa. La lámina de agua de la laguna se extiende e, inmóvil, refleja perfectamente las palmas, las nubes rosadas del amanecer o el arcoíris de la tarde.

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